No todas las deudas tienen el mismo impacto en las finanzas personales. La diferencia entre una deuda saludable y una deuda riesgosa está relacionada con el uso que se le da al financiamiento y con la capacidad de pago de quien la adquiere.
Una deuda saludable suele destinarse a objetivos que pueden aportar valor a largo plazo, como educación, vivienda, emprendimientos o inversiones planificadas. En cambio, una deuda riesgosa generalmente se relaciona con gastos innecesarios, compras impulsivas o compromisos financieros que superan la capacidad de pago y pueden afectar la estabilidad económica.