La falacia del costo hundido es un sesgo cognitivo que distorsiona la forma de tomar decisiones. En lugar de evaluar una situación por los beneficios que puede traer en el futuro, la mente se concentra en lo que ya se gastó (dinero, tiempo o esfuerzo) y nos empuja a continuar solo para no “desperdiciar” lo invertido, aun cuando eso genere más pérdidas.
Este fenómeno está estrechamente relacionado con la aversión a la pérdida, otro sesgo psicológico que nos hace sentir que perder duele más que ganar. Por eso, preferimos seguir invirtiendo en algo, aunque ya no sea beneficioso solo para no aceptar que lo invertido no se recuperará.